Cada día tiene su afán. Uno debe combatir. Pareciera que en determinados momentos de nuestra vida, y más allá de las creencias personales, tenemos un oponente en particular. Ese otro que puede sacarnos de las casillas, hacernos perder la compostura, molestarnos y desviarnos. Toda ira parecería justificada.
Con ello, el oponente ya ha ganado. O como decía aquél autor -hoy un poco confundido para mi gusto-, "tu alma ya es suya".
No les demos el gusto. Mantengamos la calma. Todo pasa. Podemos sobrellevarlo. De hecho, lo sobrellevaremos sin ningún problema. Sólo hay que respirar profundo y convencerse que en la paciencia está el combate, y en la fe en el buen obrar la victoria. Son los segundos heroicos en los que el alma debe encontrar la paz, la perspectiva, la tierra firme donde asentarse para soportar el embate.
Y les puedo asegurar que al cabo de esos segundos, todo será maravillosamente bueno.

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